lunes, 18 de septiembre de 2017

Tarta Boda Ocres

Hola buenos días.

Comenzamos la temporada de tartas con una para una boda.

No suelo hacer muchas tartas de boda. Pero cuando me toca hacer una, asumo la responsabilidad que ello conlleva.

Porque no nos engañemos: ese momento en el que se saca la tarta es uno de los importantes de las bodas. Y sinceramente, he visto algunas que la verdad... dejaban mucho que desear. Y no hablo de bodas privadas, sino de algunas que han salido en revistas de "cotilleo" muy famosas.

Yo siempre he tenido la máxima de procurar ser honesta y si me piden algo que creo que no voy a saber hacer o que no lo voy a hacer bien, no lo hago. Me gusta asumir retos, por supuesto. Pero siempre teniendo en cuenta lo que soy o no capaz de hacer.

En el caso de la tarta de hoy tengo que decir que me encantó hacerla porque la sobrina de los novios, que fue quien me la encargó, me dio manga ancha para hacer lo que quisiese. El único requisito era que los novios estuviesen modelados y tenía que ser una tarta "elegante".
Toda la tarta estaba pintada a mano. Sobre una base blanca, texturicé la parte de abajo como si fuesen planchas de madera y la pinté con grises, ocres y blancos.

Por dentro los bizcochos eran de chocolate rellenos de swiss merengue buttercream de mango. 

Los detalles de las flores y los modelados hechos en pasta de goma.

Espero que os haya gustado mucho. Nos vemos el próximo lunes.
Un besote
Helena

lunes, 11 de septiembre de 2017

Budapest con niños

Hola buenos días.

Como sabeis los que le leeis hace tiempo, somos una familia a la que nos encanta viajar y siempre que podemos, lo hacemos. 

Tras nuestra escapada a Londres la pasada Semana Santa, (os lo conté todo aquí y aquí) comenzamos a darle vueltas a cual sería nuestro destino veraniego. Barajamos varias opciones y al final nos decantamos por todo un clásico: hacer la ruta de las Capitales del Imperio Austro-Húngaro. Es decir, visitar Budapest, Viena y Praga.

Siempre había tenido ganas de ir a esta parte de centro-europa y la verdad, el viaje ha superado mis expectativas, gustándome mucho más de lo que me esperaba. Son tres ciudades espectaculares, cada una a su manera.

Pero sin duda, lo que más me ha emocionado de este viaje ha sido la historia que hay tras ellas. Toda una lección de historia en vivo.

La duración total del viaje fueron 8 días/7 noches. En mi opinión, tiempo perfecto para ver las tres ciudades en caso no entrar en demasiados museos o visitas a lugares concretos. Si no, sobre todo en Viena, seria necesario al menos, un día mas.

Pero por mi experiencia, cuando se viaja con niños y más en verano con calor, lo mejor es callejear y "perderse" por las ciudades. Así que eso es lo que hicimos.

Como tengo muchas cosas que contaros, voy a tratar de hacer un post con cada una de las ciudades para no aburriros y casaros demasiado. Así que comenzamos.
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Alojamiento
Tras dos horas y media de vuelo, llegamos un viernes por la noche a Budapest procedentes de Barcelona y viajando con Vueling. Todo perfecto. 

Como siempre, el alojamiento lo habíamos reservado a través de "Booking" (si reserváis pinchando este enlace tendréis 15€ descuento en vuestra reserva) y en este caso fueron los Apartamentos Avantgarde, situados en pleno barrio judío.

Estupendos y 100% recomendables: contaban con una habitación espaciosa, un salón comedor con sofá cama muy cómodo, un baño grande y una cocina con lo necesario. Todo muy limpio. 
Como os decía, llegamos a las 10 y media de la noche. Nos vinieron a recoger al aeropuerto con un coche contratado a través de los mismos apartamentos y poco más hicimos que ponernos los pijamas y dormir. 

Transporte
Budapest es una ciudad muy extensa, aunque mucho de lo que hay que visitar, se puede hacer caminando perfectamente. También es cierto que con niños hay momentos que está bien coger transporte público para evitar que se agoten demasiado y empiecen a protestar.

Nosotros tras valorar todas las opciones (las tenéis aquí) optamos por coger un abono de 10 billetes sencillos (son como los del metro de Madrid) que nos costaron 3000ft (casi 10€). Con dos abonos para fueron suficientes. Con ellos podíamos usar el metro, el tranvía y los autobuses.

Moneda
A pesar de pertenecer a la UE, Hungría no tiene euros. Su moneda es el florín húngaro y cuando fuimos nosotros el mes de julio para que os hagáis una idea, 1000 florines son aproximadamente 3,25€.

Mi recomendación es que no cambies demasiado dinero porque se puede pagar casi todo con tarjetas de crédito. Además, Budapest no es caro.


Día 1 en Budapest. Sábado
Nos levantamos temprano porque a las 10:15 de la mañana teníamos reservada la visita al Parlamento. Las entradas las había cogido previamente a través de Internet en la propia página del Parlamento.

Durante media hora nos fueron contando la historia del edificio de estilo neogótico, que además es el tercer parlamento más grande del mundo y un edificio realmente impresionante. 
Tras la visita, vimos el cambio de guardia y allí chicos españoles nos ofrecieron los "Free Tour". Dudamos un poco en cogerlo pero mereció la pena de largo. Tanto que en Praga días después volveríamos a repetir experiencia.

Por si no los conocéis, se trata de tours en donde chicos/chicas españoles que ha estudiado Historia, Traducción, etc, nos cuentan la historia de las ciudades y luego se les paga la voluntad. Tal vez en otras ciudades no merezcan la pena. Pero os aseguro que Budapest es otra si te la cuentan como nos lo hicieron a nosotros.

Así que con Nacho, que era como se llamaba nuestro guía, recorrimos la parte histórica de Pest: la gran plaza del Parlamento; la catedral de San esteban; el inmenso y majestuoso río Danubio.

Pero sin duda, de toda la ruta, me quedo con dos lugares homenaje a los asesinados judíos en manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial:

- Los Zapatos a orillas del Danubio: los nazis ataban en hilera a grupos de entre 10 y 12 judíos con alambres de espino; los llevaban a la orilla del río, los descalzaban y allí pegaban un tiro al primero y al último - así ahorraban balas- y los judíos se ahogaban al caer al río.

-  Y el polémico Monumento de la Plaza. En este enlace tenéis información sobre él.

Absolutamente sobrecogedores ambos.
Arriba ida: Zapatos a orillas del Danubio; derecha: Nicolas frente al homenaje a los judíos.
Tras comer y reponernos de todo lo que nos habían contado (os aseguro que yo estuve un rato impactada por la dureza de lo escuchado), volvimos al apartamento, cogimos los bañadores y nos fuimos a hacer una de las cosas que hay que hacer en sí o sí en Budapest: visitar un balneario.

En este caso elegimos el de Szechenyi por ser el más conocido y además, uno de los que dejan entrar niños, porque no en todos están permitidos.

Para llegar a él fuimos directamente en metro y paramos en la inmensa Plaza de los Héroes, donde las enormes estatuas que la presiden representan a los fundadores del país. Y de allí caminamos 5 minutos hasta el balneario. Teníamos cogidas las entradas (a través de Civitatis) con el fin de evitar filas y fue un acierto porque al llegar había muchísima fila.
Izda: Plaza de los Héroes. Dcha: piscina exterior del Balneario de Szecehenyi
Y allí que pasamos un par de horas. 

Gente, mucha mucha gente, para que nos vamos a engañar. Y miles de españoles. Pero lo pasamos genial metidos en piscinas calentitas de hasta 40 grados de donde yo no quería salir. Eso sí, según mis hijos olía a huevo podrido. Jajajaja.

   - Recomendación: no os llevéis el mejor bañador que tengáis porque son aguas que llevan muchos minerales (de ahí el fuerte olor que hay) y salen completamente color bronce que por mucho que lo laves, cuesta devolverles su color inicial. No es necesario gorro pero sí chanclas y toallas (estas últimas se pueden alquilar).

Decidimos volver andando al apartamento a través de la Avenida Andraásy (una de las principales calles de la ciudad) y entre una cosa y otra, habíamos echado el día.

Día 2 en Budapest. Domingo
Volvimos a levantarnos pronto y nuestra primera parada fue uno de los principales "Ruin Pubs" de Budapest, el Szimpla Kert, que casualmente, lo temíamos justo frente a nuestro apartamento y es el más antiguo de todos.

Los Ruins Pubs son las antiguas casas de la comunidad judía a las que se les ha querido dar una segunda oportunidad y se han reconvertido en bares por la noche y durante el día, los domingos hay un mercado donde se venden productos caseros de los agricultores de la zona. Todo ello manteniendo la esencia de antiguas casas con historia, mucha historia. Me encantó la verdad.
Y de allí nos fuimos directamente a la Gran Sinagoga, que es la más grande de europa y la segunda del mundo, tras la de Nueva York.

Sin duda, junto a los monumentos homenaje a los judíos vistos el día anterior, fue uno de los lugares que más me gusto de todo Budapest.

La entrada nos costó cerca de 25€ a los 4 (las cogimos allí mismo) y una vez dentro, los chicos de la familia se tuvieron que poner el Kipá en señal de respeto (ojo: la sinagoga cierra para el público los sábados).

Allí pudimos ver el Cementerio, el Árbol de la vida y la maravillosa e inmensa Sinagoga (caben más de 800 personas) donde además, si buscáis la bandera de nuestro país, allí cada media hora os explicaran toda la historia. Una vez más, sobrecogedora.
Al igual que el día anterior, salí un tanto aturdida y emocionada (por no decir un mucho) así que optamos por hacer algo más "simple" y cogimos uno de los barcos para dar un paseo por el inmenso y maravilloso río Danubio

Budapest no es nada caro así que una hora de paseo nos costó a los 4, 18€. Sin duda merece la pena porque las vistas desde el río del Parlamento y de parte de Buda son realmente increíbles.
Paseo en barco por el rio Danubio, donde te puedes encontrar autobuses que "flotan"
Una vez de nuevo en tierra, cruzamos a la parte de Buda y tras comer (si queréis ver donde lo hicimos, siempre sin gluten, visitad mi otro blog  "Disfrutando Sin Gluten") nos fuimos caminando hasta la zona del Castillo

Allí vimos por fuera, porque para cuando llegamos a las 17:00h ya estaba cerrada, la Iglesia de Matías, que es realmente preciosa con su contraste blanco y ese tejado de colores tan diferente a lo que estamos acostumbrados.
Y justo al lado está el Bastión de los Pescadores, desde donde las vistas de la parte de Pest, son una auténtica pasada. Continuamos andando y de forma casual nos encontramos con "Laberinto del Castillo", unas grutas ha usadas por el ser humano desde la prehistoria y que sirvieron de bunker en la Segunda Guerra Mundial.

Su principal atractivo es que se hace completamente a oscuras (nos guiamos con las luces del móvil) y hace frío. Aviso: hace frío y no es apto para claustrofóbicos. 
Tras acabar de visitar la zona de Buda con un paseo por el Castillo (no entramos porque básicamente hay colecciones de arte) fuimos bajando la colina hasta llegar al Puente de las Cadenas, declarado por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad y que une las dos partes de la ciudad: Buda y Pest separadas por el río Danubio.
Como yo soy así, fui contando los pasos que había al cruzar el puente y cuando iba por 350 dejé de contar. El Danubio es grande, muy muy grande.

Este fue nuestro segundo día de vacaciones. Y con él, habíamos visto todo lo principal en la ciudad de Budapest.
Vistas del la parte de Pest desde el Bastión de los Pescadores
Como os decía al principio, Budapest me encantó. Majestuosa, con grandes avenidas. Con una mezcla de modernidad y restos de un comunismo no muy lejano. Con una historia que te deja absolutamente sobrecogida. Y con no demasiado turismo, lo cual es un plus.

Día 3. Nos vamos en tren a Viena. 

Pero eso os lo cuento el próximo día.

Un besote
Helena

lunes, 4 de septiembre de 2017

Comienza el curso

Hola buenos días.

Tras dos meses de descanso, aquí estoy de nuevo. ¿Que tal estáis todas y todos?
Yo no me puedo quejar la verdad. Ha sido un gran verano que comenzó con el nacimiento de mi sobrina Abril, la primera niña de la familia. Así que os podéis imaginar lo mimada que va a estar.

Este año por circunstancias, no me quedé en Sanfermines.

Era la primera vez desde que tengo 16 años que no he estado ni un solo día. Y yo pensaba que no me iba a importar. Que lo iba a llevar bien. Pues ufffff... que equivocada estaba. El día 6 de julio la morriña, la añoranza, la pena enorme se apoderó de mí y ni mis enanos intentado hacer el tonto eran capaces de animarme.

Se me pasó, por supuesto. Pero tengo claro que mientras pueda, el 6 de julio siempre intentaré estar en Pamplona.
Y os preguntareis donde estaba. Pues en la playa. En mi refugio mediterráneo particular. En mi adorado y este año triste y terriblemente conocido por los brutales atentados yijadistas, Cambrils.

Allí donde pasé mi infancia y curiosamente también, mi marido (bueno, y medio Navarra, todo sea dicho); allí donde mis hijos tienen sus amigos y entran y salen de la urbanización a la playa felices de la vida; allí donde sentarnos en el chiringuito a tomar una cerveza fresquita mientras se pone el sol; allí donde tomamos un helado y mis hijos corren por el paseo.

Allí donde este verano la sin razón de unos fanáticos decidieron atemorizar y asesinar.
Allí disfrutamos de un mes de playa, de sol, de relax. De partidas de cartas a la luz de la luna y lecturas con el sol del atardecer (por cierto, para quienes aún no se la hayan leído, os recomiendo encarecidamente "Patria" de Fernando Aramburu).
Un mes voluntariamente interrumpido por un viaje, un maravilloso viaje familiar por las capitales del imperio austro-húngaro: Budapest, Viena y Praga.

Tengo muchas, muchísimas cosas que contaros de este viaje así que la semana que viene comenzaré con ello.
El mes de agosto ya en Pamplona mi marido y yo disfrutamos de "una semana de novios", ya que los chicos se fueron de campamento y nos dejaron solos. Y para que nos vamos a engañar. A gusto. Muy a gusto.

Que a los hijos se les quiere, se les adora y daríamos todo por ellos. Pero una semanita al año de "descanso" tanto para ellos como para nosotros, es absolutamente necesaria y genial.

Y el resto, pues lo que viene siendo un verano: piscina, comidas con amigos que se alargan hasta la cena; fines de semana en el pueblo disfrutando de la familia, del río, de coger moras.
Dos meses intensos y geniales que nos han recargado las pilas para afrontar con ganas y fuerza un nuevo curso escolar en el que como siempre, espero me acompañéis.

Un beso enorme
Helena